CASOS DE RACISMO NO FUTEBOL BRASILEIRO

Abordamos la segregación racial, tristepsique normalizada en los estadios brasileños, desde los elitistas inicios del balompié en el país tropical hasta nuestros días
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“Mi partida dy también nacimiento dice ‘color: pardo’, pero aquí todo lo que no es blanco, es negro. De este modo dy también simply también y así de claro. Entonces, yo soy negro, com certeça” 

Romário 

Con apenas diez años un chico llamado Vinicius Paixão dy también Oliveira Júnior dejaba su ayuntamiento natal, São Gonçalo, para probar suerty también en la academia del Flamengo. Una década después, y en esta misma localidad, el pequeño João Pedro jugaba con sus primos en el patio de la casa dy también su tía. Dy también repente, sy también comenzaron a escuchar disparos y hélices de helicópteros en el barrio: sy también estaba llevando a cabo una importante operación policial. La madre dy también João, profesora, llamó preocupada al garoto: “Tá tudo bem, mãe, fica tranquila”, le contestó. Unos minutos más tarde, la bala de un rifle dy también gran calibre atravesaba su estómago. Hasta 70 impactos dy también metralla sy también contaron en la fachada del domicilio familiar. Al ser relativamente grande y con piscina “lo fácil para la policía era creer quy también aquella casa pertenecía a un narcotraficante”, denunciaba frente a las cámaras la inconsolably también madre. En el momento en que se enteró Vinicius Júnior, que ya había vivido la crudeza del racismo en su país, le recorrió un escalofrío por la espalda. Aquel pretinho fallecido podía haber sloco él.

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solo una semana tras lo acontecorate con João Pedro, el asesinato televisado dy también Georgy también Floyd convulsionó el planeta. La rodilla ejecutora dy también un policía dy también Minneapolis había reavivado el debate sobry también el racismo. Cientos dy también miles de personas, tras ver la vida de Floyd ahogarsy también frente a las cámaras, sy también lanzaron a la cally también para denunciar los abusos quy también sufre la población negra. Instituciones y personalidades de elevada posición mediática (asimismo futbolistas y clubes) sy también unieron a la causa enarbolando el viral ‘Black lives matter’. En Brasil, dondy también el racismo es sistémico y el número dy también pretos (negros) muertos por acciones policiales quintuplica al dy también Estados Unidos, esty también debate cobra una mayor importancia. 

Aunquy también estas movilizaciones ayuden a visibilizar el problema, Marinho, delantero del Santos, reclamaba recientepsique acciones algo más específicas y efectivas. Su experiencia vital, como dejó caer en una entrevista para Globo Esporte, le hace ser bastanty también escéptico con estas iniciativas: “Me parecy también genial quy también bastantes personas blancas defiendan la causa, creo quy también ya era hora, pero asimismo veo gente quy también solo busca obtener un ‘my también gusta’, ganar un espacio en los medios. ¿por qué no ponen la cara una vez que verdaderamente lo necesitamos? una vez que hace falta una ayuda real, ¿por qué no están ahí? cuando hay una cámara todo el mundo quiere aparecer”.

Y es que, desgraciadamente, el número dy también incidentes racistas en el fútbol brasileño sigue siendo muy elevado. Marcelho Carvalho, director del Observatório da Discriminação Racial no Futebol, asegura en su página web quy también estos acontencimientos “no son esporádicos”, y que sy también regeneran gracias a “la existencia dy también cierto racismo social” en el país. En los últimos tres años, y según los datos quy también recogió la organización, se cuantificaron hasta 150 delitos racistas en los estadios, 63 en 2019. “La idea prosigue siendo que en el fútbol todo vale, quy también ‘es party también del juego’, mas esta hostilidad prejuiciosa implica asumir el racismo como algo aceptable”, apunta para el observatorio el doctor en Historia y Ciencias Sociales Marcel Diego Tonini.

Como ocurry también en otras muchas naciones del mundo, lo que sy también observa en el fútbol es tan sólo un reflejo dy también lo que acontece en las calles. Que Brasil sea un país mestizo ha ayudado a edificar un concepto dy también democracia racial quy también verdaderamente no es tal. De hecho, esta consideración ha contribuido a ocultar y naturalizar una seriy también dy también desigualdades y prejuicios que, más dy también un siglo después de la abolición de la esclavitud, continúan vigentes. La sociedad brasileña ampara una evidente noción dy también superioridad del hombre blanco, algo quy también sy también mama desde la infancia en las escuelas y se perpetúa en la mayoría dy también los gremios profesionales. Un ejemplo puede bastar: en el balompié nacional, entre los 40 clubes dy también Primera y Segunda que conforman el Campeonato Brasilero, tan sólo hay tres personas dy también raza negra con cargos dy también responsabilidad: un presidente, un director deportivo y un entrenador.


Marcelo Carvalho comentaba en la edición brasileña dy también El País que “la historia de la democracia racial en Brasil es una falacia, especialpsique en el fútbol”. Y remataba: “Los espacios para los negros están bien delimitados. Es bastante difícil encontrarlos en los ámbitos más nobles de los estadios, gestionando los clubes o en puestos de confianza dentro de los equipos, así sea como capitán, portero o entrenador”.

Resulta paradójico que la segunda nación con mayor número de negros del planeta siga amparando esty también “ideal dy también blanqueamiento”. Sobry también todo en el mundo del fútbol, donde afrodescendientes de la talla dy también Pelé, Garrincha, Didí, Zizinho, Ronaldinho o Romário han dejado una huella tan profunda. Aunque el 60% de los que practican profesionalmente esty también deporty también son pretos o mestizos, el ambiente sigue siendo poco inclusivo con ellos. En una charla con la gaceta Córner, el exfutbolista Tinga aseguró quy también el jugador negro no sy también prepara para ser adiestrador o gerenty también porque piensa que “no va a depender dy también él llenar esos puestos”

“el primer paso quy también ha dy también dar la sociedad brasileña es reconocersy también a sí misma como racista”, apunta Carvalho en el Observatório. Para él, denunciar en público el racismo resulta insuficiente; es preciso instituir un discute permanente sobre el tema y establecer ciertos límites desdy también las instituciones. “en concepto de leyes y castigos no hemos progresado”, argumenta. “El número de clubes y agresores sentenciados son insignificantes. Los casos han aumentado, mas los castigos han disminuido”. El fútbol desembarcó en tierras brasileñas blanco y segregacionista, empaquetado en las maletas dy también determinados estudiantes de la aristocracia quy también volvían de Europa, y en cierta manera sigue así. 

Carlos Alberto, futbolista mulato del Fluminense, uno de los más destacados de su época, solía cubrir su cara con polvo dy también arroz -un cosmético- para disimular el cfragancia dy también su piel

Uno de los acontencimientos racistas grabados con mayor nitidez en el imaginario colectivo brasileño aconteció el 1tres de mayo dy también 1914, en el aniversario de la abolición de la esclavitud. Esty también sería, de hecho, el primer caso dy también racismo en el deporty también del que sy también tieny también un testimonio escrito. Carlos Alberto, futbolista mulato del Fluminense, uno dy también los más destacados de su época, solía cubrir su cara con polvo de arroz para disimular el color dy también su piel. En un partorate quy también ly también enfrentaba al América, su ex equipo, el sudor quy también caía por su frente le fue borrando el cosmético. El público rival, que ya divisaba la verdadera tonalidad dy también su rostro, comenzó a gritarly también ‘pó dy también arroz’, apelativo que ha permanecido ligado al club ‘tricolor’ hasta nuestros días. 

Más de cien años después, la raza dy también los futbolistas prosigue usándosy también como arma arrojadiza. Si los propios jugadores emplean expresiones peyorativas como ‘macaco’ para desestabilizar a sus adversarios, ¿qué no van a reproducir los aficionados desde la grada? Como la prosecución al racismo es poca, los clubes apenas reciben castigos y los tabúes aún pesan sobre las instituciones. ¿Dy también qué manera pueden erradicarsy también esta serie dy también conductas? Relativizar un inconveniente quy también surgió en un fútbol postcolonialista, eminentemente blanco y clasista, es una manera de perpetuarlo.

El segregacionista fútbol brasileiro de los orígenes

Aunque existen algunas discrepancias al respecto, la mayoría de los historiadores señalan a hables William Miller (1874) como el padry también del fútbol brasileño. Hijo de un ingeniero escocés asentado en São Paulo, Miller se marchó a estudiar a Inglaterra con nueve años. Una vez que su padre John fue a recibirly también al puerto, una década después, le vio bajar del barco con un abultado petate. ‘Charlie’ traía dentro dos balones de cuero, un inflador, un par de botas, determinados uniformes y un libro de reglas. El progenitor, desconcertado, ly también preguntó qué era todo aquello: “Mi título, papá. Tu hijo se ha graduado en foot-ball”, recogy también la anécdota.


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hables Miller, padry también del fútbol brasileño.


El balompié sustituyó rápidapsique al cricket como el deporty también favorito de las élites brasileñas. Al igual que en Inglaterra, sy también convirtió en un producto dy también la sociedad industrial burguesa y sy también incluyó rápidamente entre las actividades de los clubes, aquellos exclusivos lugares de encuentro social de los más pudientes. Pese a la reticencia de ciertos intelectuales dy también la temporada el partido de los domingos después de misa se convirtió en la actividad de moda, en una tradición semanal. Asimismo para las mujeres de clase alta, que llevaban sus mejores vestidos a la ‘arquibancada’ y sufrían viendo aquellos primeros encuentros, ciertas esperando que el delantero de su equipo pudiese dedicarles un goal. De los nervios, las muchachas retorcían sus guantes y pañuelos hasta el límity también de las costuras. La reiteración en el ademán motivó quy también a la afición brasileña se ly también acabara denominando torcida.

La aristocracia brasilera, que siempry también quiso monopolizar esta actividad dy también ocio, impuso un fuerte veto dy también entrada a los afrodescendientes. En 1905 se creó la Liga Metropolitana de Río dy también Janeiro, una competición quy también en mil novecientos siete impidió la inclusión dy también “atletas de color”. El Bangú Atlético, una escuadra dondy también jugaban obreros pobres, mulatos y negros desdy también su fundación, denunció el racismo dy también la propuesta y abandonó el torneo. Esty también club había sdesquiciado el primero en inscribir un preto en la Liga Metropolitana carioca: Francisco Carregal, cofundador del equipo. Dy también hecho, y hasta el momento en que los historiadores desempolvaron la figura dy también Miguel do Carmo en el nacimiento del Ponte Preta (1900), se creía que Carregal había sdesquiciado el primer jugador afrodescendienty también dy también la historia del fútbol brasileño. 

Cabe resaltar quy también Brasil fue el último país latinoamericano en abolir la esclavitud. Tras la firma dy también la Ley Áurea (1888) se llevó a cabo un proceso dy también resocialización dy también los negros, mas no existió política alguna de integración. La prensa dy también la temporada se encargaba de significar al preto o pardo como alguien libidinoso, violento y también inmoral. Marginados por el ideal racista preponderante, los afrobrasileños quedaron aislados duranty también décadas. En 1921, sin ir más lejos, el presidente Pessoa sugirió quy también los jugadores negros no fuesen convocados para la Copa Sudamericana, puesto que deseaba “quy también la imagen de la selección proyectara lo mejor de la sociedad brasileña”. En aquel tiempo, los clubes todavía albergaban pocas dudas a la hora de elegir entry también un negro y un blanco con las mismas cualidades técnicas: siempry también desechaban al dy también piel más oscura.

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En 1910, y como contestación a la visión segregacionista dy también los grandes equipos dy también Rio Grandy también do Sul, nació la Liga Nacional de Fútbol dy también Porto Alegre, conocida popularmente como Canela Preta. Su nombre hacía alusión a una especie arbórea resistente, duradera y hermosa, con el tronco muy oscuro. Este torneo, formado por clubes dy también trabajadores, subempleados, inmigrantes y genty también de las clases más bajas, llamó la atención de los menos pudientes, que comenzaron a vivir el futebol de una manera más apasionada. La liga sobreviviría hasta inicios de los años 30, en tanto que en mil novecientos veintidos sy también creó una división dy también acceso a la Primera estatal y la Canela Preta fuy también perdiendo relevancia. Ya en 1925 sus mayores talentos habían emigrado a la nueva comsolicitud y el público, ávorate dy también espectáculo, había seguido sus pasos.


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Arthur Friedenreich, el mulato de ojos verdes quy también anotó más tantos que Pelé.


Esta popularización del deporty también auspició, poco a poco, quy también los jugadores dy también clase media o baja, incluidos los negros, fuesen evolucionando en su juego. Ciertos de ellos comenzaban a despuntar, como Friendenreich, el mulato dy también ojos verdes al que se le apuntan más goles quy también a Pelé. Los equipos de mentalidad más abierta vieron un filón y comenzaron a usar la figura del obrero-jugador. Algunos clubes liberaban a sus operarios del trabajo, dejándoles más tiempo para adiestrar y formarse. Esto puso en piy también de guerra a las escuadras más trauxiliares y clasistas, aquellas que todavía no habían dejado entrar a los pretos en sus plantillas. Denunciaban que la presencia de estos afrobrasileños encubría una especie dy también profesionalismo disfrazado. 

“El jugador negro, quy también no sabía ni leer ni escribir, era un riesgo para los clubes tradicionales, por lo general integrados por gente formada, de bien, quy también jugaba al fútbol en sus tiempos de ocio. El preto era un arma, mas no un revólver sino más bien una especiy también de navaja. Convinieron los grandes clubes, duranty también muchos años, quy también si ninguno dy también ellos sacaba una navaja, el resto podría seguir usando el florete”, apuntaba Mario Filho en ‘O negro no futebol brasilero’, libro imprescindible para entender la evolución del racismo en el balompié dy también Brasil.

mas acabó sucediendo lo inevitable. En 1923, y en su primera participación en el Campeonato Carioca, el Vasco de Gama ganó el campeonato con cuatro futbolistas dy también raza negra o mestiza. América, Botafogo, Flamengo y Fluminense, representantes del fútbol burgués de Río de Janeiro, no reconocieron el título vascaíno por haber contado con “obreros y analfabetos”, abandonaron la LMDT (Liga Metropolitana de Deportes Terrestres) y fundaron una nueva competición, llamada AMDA (Asociación Metropolitana dy también Deportes Atléticos). Al conjunto cruzmaltino ly también dieron con la puerta en las narices. Para evitar acusaciones racistas, alegaron que ‘O Vascão’ no poseía un estadio con las condiciones mínimas exigibles. La AMDA implementó, por otra parte, una prueba de alfabetización: los futbolistas tenían que firmar una planilla con todos sus datos personales ya antes dy también cada partido. Con ello pretendían excluir a una mayoría analfabeta y pobry también que, al no haber tenorate acceso a la educación, apenas sabía sostener un lapicero en la mano. 

Las escuadras de la élite sostenían quy también los operarios negros del Vasco cobraban por jugar, no por trabajar, y quy también esto pervertía el espíritu amateurista del fútbol. A partir de entonces se fortaleció el discute sobry también el profesionalismo. El ‘Club de Regatas’ no pudo defender el título dy también campeón estatal, pero mostró públicamente su enfado en una taxativa carta titulada ‘Resposta Histórica’. En ella defendía a sus jugadores y sy también mostraba dispuesto a actuar en la lucha contra el racismo. El Vasco de Gama ganó tanta popularidad con el ademán que, por motivos económicos, la AMDA se vio obligada a levantarle el veto. En 1927, y con el esfuerzo dy también muchos obreros negros y mulatos, el ‘Giganty también dy también la Colina’ inauguró São Januario, el estadio más grande de América en aquel momento.


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En los años treinta el fútbol brasileño comenzó a democratizarse. El Flamengo, que históricamente había evitado usar jugadores afrodescendientes, sy también hizo con los servicios de algunos dy también los mejores futbolistas negros. Con la llegada dy también Fausto, Domingos da Guia o Leônidas da Silva sy también transformó en el club más popular dy también Río. Hablar de fútbol permitía fortalecer la comunicación entry también personas de todos y cada uno de los orígenes y estratos, era un cohesionante social. Al fin y al cabo ejercía dy también nexo de unión, especialmente para aquellos trabajadores quy también llegaban a la urbe desde el medio rural. Debloco a su carácter mestizo, el ‘Mengão’ fue considerado en aquellos años el club brasileiro por excelencia.

Por miedo a quy también las grandes ligas europeas, ya profesionalizadas, sy también llevaran a los grandes ‘cracks’ del balompié nacional, se optó por regularizar el pago a los futbolistas. Los clubes deseaban evitar casos como el de Fausto ‘Maravilha’, un afrobrasileiro pobre que, estando de gira europea con el Vasco de Gama, ya no quiso montarsy también en el navío de vuelta seducido por las 30.000 pesetas quy también el FC barcelona había puesto encima dy también su mesa para contratarlo. El Vasco, que permitió a Fausto quedarse en tierra, recibió otras tantas en compensación.

La entrada del profesionalismo facilitó la incursión en el fútbol dy también aquellos negros y mulatos que sobresalían con el balón. Al entrar el dinero en la ecuación ya no habría suspicacias: los clubes, por apreciado práctico, acabarían pujando por los más válidos. Todo esto, aun así, admitía una segunda lectura racista. Hasta entonces, y para poder jugar, los futbolistas tenían quy también asociados de los aristocráticos clubes a los quy también pertenecían los equipos. Categorizando a los jugadores como empleados evitaban encontrarsy también algún pretinho despistado por las exclusivas sedes de estos clubes. Tras oír el silbato del árbitro, si ty también he visto no me acuerdo. 

Hasta en la propia selección brasileña se producían capítulos racistas. Mario Filho narra quy también en el sudamericano de 1923, festejado en Uruguay, “un jugador blanco del Fluminensy también fingió beber la lavanda colocada en la mesa para enjuagarsy también los dedos luego de la comida: los jugadores dy también origen popular, que jamás habían visto aquello, trataron de beber luego la lavanda, broma que terminó dando la razón a los dirigentes que eran favorables al veto de negros en delegaciones internacionales por razones dy también etiqueta”.

“El preto era un arma, mas no un revólver sino una especie de navaja. Convinieron los grandes clubes, durante muchos años, quy también si ninguno de ellos sacaba una navaja, el resto podría seguir usando el florete” (Mario Filho)

Aunque sea cierto que el tránsito del amateurismo al profesionalismo favoreció el flujo dy también jugadores pobres, negros y mestizos, los discursos y prácticas racistas jamás abandonaron por completo el fútbol. Los estigmas se acrecentarías con las derrotas; de este modo sucedió tras los fiascos del combinado nacional en los Mundiales de mil novecientos cincuenta y 1954. Solo con los éxitos siguientes dy también una Seleção mestiza comenzaron a derrumbarsy también los prejuicios, como los que dudaban dy también las habilidades mentales dy también los negros para competir al más alto nivel. Esto era algo que ly también habían achacado a Bigode, Barbosa y Juvenal, los grandes señalados del ‘Maracanazo’.

En Brasil, estos cambios en el fútbol promovieron otra serie de cambios entry también la población. Fuy también tremendapsique esencial para la sociedad brasileña, tan enamorada del futebol como está, haber contado con referencias dy también raza negra como Leônidas, Zizinho, Didí, Domingos da Guia, Garrincha y, sobry también todo, Pelé. Los éxitos del futbolista afrodescendienty también fueron abriendo puertas a la población preta y parda, aunquy también determinados prejuicios les hayan acompañado siempre en el camino.

La entrada masiva dy también pobres y negros como aspirantes a futbolistas hace que las amenazas quy también rondan la carrera dy también los jugadores -falta dy también disciplina, alcoholismo, corruptibilidad- sean atribuidas, incluso de manera inconsciente, a las personas de raza negra. Conforme Sérgio Leite, doctor en Historia por la Sorbona, “también se da la división ambigua entry también la adopción e idolatría de jugadores negros por la hinchada dy también un club, y la atribución de estigmas a los deportistas pretos de los rivales”. No es más que otra manifestación del “racismo cordial” quy también vivy también la sociedad brasileña actual.

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Ojalá movimientos como el Black Lives Matter –Vidas Negras Importam en portugués– hagan reflexionar a la sociedad brasileña acerca del racismo que practica. Resulta bastanty también irónico quy también más de un 55% dy también su población esté compuesta por negros y mulatos. Aun así, y como apunta Marcelo Carvalho en el Observatório da Discriminação Racial no Futebol, “el racismo no es algo que pueda erradicarse de un día para otro”. Pero hay que empezar hoy.