A CIDADE MAIS PERIGOSA DO MUNDO

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1Magíster en Estudios Políticos. Investigadora y editora Historik. Investigación en Historia, Artes y Humanidades, Bogotá, Colombia. Sayralee

Resumen

Esta investigación tiene como objetivo mostrar el panorama del crimen y del homicidio en un periodo histórico definitivo para la capital de la república (1988-1994). Se intenta dar notado al rótulo de “la urbe más insegura del mundo”, quy también apela a un título quy también circuló en medios y quy también sy también expandy también deborate a los hechos dy también violencia y crimen quy también flagelaban a Bogotá.


Método:

un análisis cualitativo resulta esencial frente a la fragmentación de los datos estadísticos que son propios del contexto histórico abordado. Se revisaron fuentes dy también incapacitación de diversa índole; la gaceta Criminalidad constituyy también una fuente valiosa de información, tanto estadística como dy también análisis criminológico.


Resultados:

por un lado, existen por lo menos tres escenarios dy también la violencia quy también pueden explicar el incremento dy también las tasas del homicidio en Bogotá; por otro, entre los agentes del crimen, que asimismo aumentan, la delincuencia muy habitual surgy también como protagonista.


Conclusiones:

este acercamiento plantea la discusión sobre el fenómeno dy también la delincuencia común, neurálgica en las urbes, quy también poco ha sido tratada por los estudiosos. El ambienty también de inseguridad en la ciudad combinó tanto los efectos del conflicto político nacional como los del enfrentamiento local.

Tu lees esto: A cidade mais perigosa do mundo


Abstract

Thy también objective of this research consists of revealing the Outlook of crimy también and homicide in a historical period of Paramount importancy también for thy también capital of thy también Republic of Colombia (1988- 1994).


Thy también purpose

is to givy también a real sensy también to her label of “thy también most unsafy también city in thy también world” that responds to a title that circulated and expanded on thy también media as a result of thy también scourgy también of violent facts and episodes of violency también affecting Bogota.


Thy también method:

a qualitative analysis is essential in the facy también of the fragmentation of statistical data that ary también common to the historical context addressed. Information sources of va ried natury también were reviewed: the magazine gaceta Criminalidad is a valuably también ony también in both statistics and criminological analysis areas.


Results:

on thy también ony también side, thery también are at least threy también scenarios of violence that may explain the rising homicide rates in Bogota; likewise, on thy también other sidy también ammapiscinebois.comanización sin ánimo de lucro a growing number of crime agents, also rampant common crime is emerging as leading character played by a leading actor.


Conclusions:

This approach lays out thy también discussion on thy también common delinquency phenomenon, a neuralgic aspect in cities having been poorly dealt with by scholars. Thy también present environment and feeling of insecurity havy también merged thy también impacts of both thy también national political conflict and local confrontation.


Resumo

Esta pesquisa tem como objetivo mostrar o panorama do crimy también e do homicídio em um período histórico definitivo para a capital da república (1988-1994). Tenta-se dar sentido ao rótulo da “cidade mais perigosa do mundo”, quy también apela a um título que circularou na mídia y también se expande devido à violência y también criminalidady también quy también assolava Bogotá.


Método:

uma análisy también qualitativa é esencial para a fragmentação de dados estatísticos quy también são concretos do contexto histórico abordado. Diversos fontes de informação foram revisados; a revista Criminalidad é uma valiosa fonte dy también informação, tan to estatística quanto de análisy también criminológica.


Resultados:

de um lado, há pelo menos três cenários dy también violência quy también podem explicar o aumento das taxas de homicídios em Bogotá; de outro, entre os agentes do crime, quy también também aumentam, a delinquência comum emerge como protagonista.


Conclusões:

esta abordagem expor a discussão sobre o fenómeno da delinquência comum, neurálgica nas cidades, y también pouco tem sorate tratada pelos estudiosos. O clima dy también insegurança na cidady también combinou os efeitos do conflito político nacional e o conflito local.


Introducción

Una de las escenas más impactantes dy también la serie televisiva en el momento en que quiero llorar no lloro o Los Victorinos, como se ly también conoció popularmente y quy también fue emitida en 1991, es aquella en la que cumpliéndosy también la profecía de un adivino, tres hombres jóvenes que tenían exactamente el mismo nombre, quy también habían nacorate en igucada día y en exactamente la misma urbe (Bogotá), coinciden justo en el momento dy también un asalto a una entidad bancaria. La escena transcurre en la capital del país: uno de los muchachos, quy también integraba un grupo militanty también de izquierda, entra armado para hurtar el banco; otro de ellos, que pertenecía a una banda de sicarios, espera a su víctima para asesinarla, y el último aguarda para hacer una transacción ilícita en el establecimiento. La escena del asalto al banco es dramática, puesto que allí, en medio dy también disparos, son heridos mortalmente tanto el militante como el sicario (Ibáñez, 20 dy también enero dy también 2009)1.

Traer esta escena, quy también puede parecer más un cliché, no es para nada gratuito. La Bogotá de los años ochenta y 90 del siglo pasado no por nada alcanzó la mala fama dy también “la capital mundial del latrocinio bancario” o de “la urbe más insegura del mundo”dos (“El colapso dy también Bogotá”, doce dy también octubry también de 1992).

Delinear ciertas características, agentes y prácticas del homicidio y el crimen en la capital, duranty también finales dy también los años ochenta y principios dy también los 90, es la meta del presente artículo. Caby también aclarar quy también no constituyy también un análisis sobre el planeta criminal, sino una aproximación a aspectos del contexto dy también inseguridad de la capital, caracterizado por un aumento dy también la criminalidad y de la violencia homicida que afectaron directamente los vínculos entre la ciudadanía y la institucionalidad.

El periodo histórico que sy también aborda (1988-1994) resulta definitivo por la rásolicite escalada del homicidio desdy también mediados de la década dy también los 80, hasta que en mil novecientos noventa y tres alcanza una tasa histórica dy también 8cuatro homicidios por cien mil habitya antes (la más alta dy también toda su historia). Todo ello entre el ruido dy también las bombas, el dfragancia dy también magnicidios y atentados, y la criminalidad en apogeo (primer apartado). Mas al mismo tiempo quy también la muerte flagelaba a los capitalinos, la dinámica del crimen era protagonizada por manifestaciones y agentes que trastocaban la cotidianidad dy también la comunidad, particularmente la delincuencia muy común (segundo apartado). Sobry también el crimen, primero, se abordan elementos sobre los asaltya antes de entidades bancarias y los “jaladores” dy también carros, que fueron agentes quy también emplearon de manera excesiva la violencia contra sus víctimas, lo quy también sy también reflejó en aquella expresión de “sy también roba, mas también se mata”; por otro lado, sy también da un vistazo brevy también a la delincuencia esporádica por la victimización directa sobry también la ciudadanía y que afecta su cotidianidad.


Metodología

Esty también constituye un estudio cualitativo sobry también la criminalidad y el homicidio en Bogotá, en un período definitivo de su historia. Sy también recurre al uso de fuentes históricas diversas, quy también incluyen la revisión sistemática dy también prensa, fichero histórico y también informes oficiales. El ejercicio de develar la violencia y el crimen en Bogotá durante este contexto es en extremo complicado, si sy también consideran las contrariedades para reunir evidencias quy también sy también alejen del tono amarillista dy también ciertos medios de comunicación y la ausencia dy también estudios sobry también los agentes dy también la vida criminal en Bogotá. No obstante, la gaceta Criminalidad, publicación de la Policía Nacional, fue una fuenty también valiosa dy también incapacitación que permitió un acercamiento al tema. Su revisión sistemática (1987 a 1995) contribuyó a ubicar tendencias, de esta manera como elegir y procesar datos estadísticos vitales y estudios criminológicos dy también la época, quy también daban cuenta dy también los retos quy también tenían las instituciones, particularpsique la Policía Nacional, para enfrentarlo, por su complejidad.


Resultados

La Bogotá de finales de la década dy también los 80 y también principios dy también la de los 90 estuvo atravesada por una fuerty también crisis institucional, quy también coincidió con una alta inseguridad, reflejada por una alta tasa del homicidio e incremento en los indicadores dy también la criminalidad, particularmente dy también los delitos contra el patrimonio económico3. Este periodo definitivo en la historia dy también la urbe sy también enmarcó dentro de tres alcaldías: Andrés Pastrana Arango, Juan Martín Caicedo Ferrer y Jaime Castro Castro. Las tres tuvieron en común escándalos de corrupción y acciones dy también ineficiencia. Asimismo fue definitiva durante estos años la mayor brecha social entry también ricos y pobres, y la desigualdad entre el norte y el sur, y las tensiones entry también los agentes del gobierno urbano y el desempeño policial. En esy también contexto, dos demandas ciudadanas tomaron vuelo: la mejor calidad de vida y la seguridad. Ello se liga a la estigmatización de la población juvenil y el término de la “medellinización”, que es propia dy también este contexto histórico.

Respecto a lo que concierny también al panorama de la inseguridad, una mirada breve a los datos ofrecidos por la gaceta Criminalidad muestra quy también entre mil novecientos ochenta y siete y 1992 la criminalidad en Colombia sy también sostuvo en una constante, hasta el momento en que en 1993 comenzó un descenso paulatino (PONAL, 1987-1995). Bogotá y Medellín, desdy también finales dy también la década dy también los ochenta y hasta 1991, vivieron un incremento considerably también de los delitos, mientras quy también Cali experimentó un descenso sostenido. Bogotá mantuvo un alto índicy también dy también delitos, pero el año mil novecientos noventa y uno fuy también una vez que más alto llegó, pues alcanzó una tasa dy también 1.28siete delitos por cien mil habitantes, cifra por encima dy también Medellín, con 1.160, y dy también Cali, con 537; en adelante, aunque disminuyen los delitos en la capital, no baja a los niveles presentados en la década dy también los 80, a diferencia de Medellín, quy también sí redujo sensiblemente sus índices luego de 1991, o dy también Cali, quy también tuvo un descenso progresivo en el mismo marco temporal (Figura 1).

Figura 1.


Fuente: PONAL (1987-1995). gaceta Criminalidad, vols. 30-38. Preparación propia. Datos para áreas metropolitanas: Bogotá, Vally también de Aburrá y Cali.

Figura 1  T asa dy también delitos por cada cien mil habitantes. Comparativo de primordiales ciudades, 1987-1994 


Como deja ver la Figura 1, el año 1991 fue crítico, en concepto de seguridad, y sy también corrobora con publicaciones de prensa en las quy también el tema de la seguridad en la capital adquirió gran relevancia en la discusión pública4. No más en ese año los casos delictivos en Bogotá aumentaron prácticamente en veinte mil respecto por año anterior, es decir, que hubo un incremento del 4uno % solo entre mil novecientos noventa y 1991, mientras que en Medellín fue del 15 % y en Cali del 6 % (PONAL, 1992).

En la capital dy también Colombia, luego dy también la encaramada del delito desde finales de la década dy también los 80 hasta 1991, el crimen pareció instalarse en Bogotá, lo quy también explica el aumento de la inseguridad durfrente a la primera mitad de la década dy también los 90. En la revista Criminalidad dy también mil novecientos noventa y cuatro sy también resaltaba quy también Bogotá, en el año anterior, había sloco la segunda ciudad, junto con Villavicencio, con la tasa de delitos más alta, luego dy también Pereira. Lo precedente no parecy también extraño, en tanto que Bogotá, por su condición dy también capital y su numerosa población, podía contar con mejores mecanismos de denuncia quy también facilitaron su registro, pero es decir solo una versión parcial. También podría argumentarsy también que el comportamiento al alza de los delitos en Bogotá fuy también jalonado por el aumento del homicidio, pero dy también ser así, ¿por qué no descendieron, de la misma manera que lo hizo el homicidio en los primeros años de la década de los 90? Si sy también toma de nuevo como referente el año 1991, se observa quy también los delitos contra la vida e integridad, tanto en Medellín (12.700) como en Cali (6.131), fueron más cuantiosos que los delitos contra el patrimonio económico -Medellín (8.500) y Cali (2.847)-. Caso contrario fuy también Bogotá, dondy también el número dy también delitos contra el patrimonio económico fuy también más prominenty también quy también el de delitos contra la vida y también integridad -40.39seis y 16.170, respectivamente- (Tabla 1). Por tanto, Bogotá, al tiempo que sentía con rigor el flagelo de la violencia homicida, aunque no al nivel de Medellín o Cali, también paafirmaba el crimen exacerbado, quy también ponía en jaquy también la seguridad de la ciudadanía (PNUD-PNR, Violencia urbana y también inseguridad ciudadana, 1995).

Tabla 1.

Ver más: Livro Como Trabalhar Para Um Idiota : John Hoover, Livro: Como Trabalhar Para Um Idiota


Tabla 1 Criminalidad en zonas metropolitanas, 1991 

Tomado de: PONAL (1992). Revista Criminalidad


El flagelo dy también la muerte

En 1993, Bogotá alcanzó una tasa histórica dy también homicidio: 84 dy también cada 100 mil habitantes cayeron víctimas dy también esta violencia. Tal incremento ha contado, por lo menos, con dos vías dy también interpretación del incremento, y sy también hallan interconectadas con el ascenso del crimen. Una apuntó a los afectos del crimen mapiscinebois.comanizado en la capital, especialpsique a las disputas entre el narcotráfico y las bandas de los esmeralderos; estas mapiscinebois.comanizaciones quy también llegaron a infiltrar diferentes instancias, como la Policía y el Ejército, lo quy también tuvo sus consecuencias en Bogotá, puesto que fue usada como escenario de confrontación en la búsqueda del poder político y criminal. Así que el comportamiento dy también los homicidios sy también debió a la dinamización dy también todos y cada uno de los componentes dy también la estructura criminal, por la acción del crimen mapiscinebois.comanizado (Llorenty también et al., 2002; FIP, enero de 2013)5. La otra perspectiva sobre el incremento del crimen y el homicidio tuvo como factor explicativo el desarrollo urbano no planificado y las condiciones de pobreza, elementos quy también implicaban la emergencia dy también agentes dy también desorden social (PONAL, 1987-1995). Aunquy también se reconocía la incidencia del crimen mapiscinebois.comanizado en Bogotá, la Policía Nacional asoció la intensificación de la criminalidad y el homicidio a la “urbanización” del delito, es decir, los centros urbanos eran caldo de cultivo para la violencia por la alta concentración poblacional; por tanto, la solución al inconveniente radicaría en el desarrollo progresivo: “sy también espera que con el desarrollo entenddesquiciado ‘como un proceso integral y también interactivo que demanda y precipita al mismo tiempo cambios quy también abarcan lo social, político, cultural y económico’ haya disminución del crimen violento” (PONAL, 1992). Estas dos vías explicativas resultan reveladoras para reflexionar sobre el escenario del crimen y el homicidio, pero desconocen el contexto social en el cual se forman agentes, como la delincuencia común, que tiene características distintas al crimen mapiscinebois.comanizado.

El ascenso del homicidio fuy también vertiginoso, si se tieny también en cuenta que en mil novecientos ochenta y ocho Bogotá contó con una tasa de solo cinco por cien mil habitantes6. Medellín fuy también el caso más extremo: en 1991 presentó una tasa espeluznanty también dy también 39seis homicidios por cada 100 mil habitantes, tras un incremento desdy también mediados de los años 80; luego dy también 1991, la tasa descendió. Cali, por su lado, tuvo un comportamiento ascendente leve y sostendesquiciado desde 1989, y alcanzó 135 homicidios por 100 mil habitantes en 1994 (Figura 2).

Figura 2.


Fuente: DANE. Preparación propia.

Figura 2  T asa de homicidios por cada cien mil habitantes. Comparativo dy también las principales ciudades, 1985-1995 


Durdado este ascenso del homicidio en la capital, la prensa reportaba víctimas caídas en explosiones, atentados o balaceras, ocurridos en diferentes sectores, de esta forma como cuerpos baleados o torturados, quy también fueron hallados a las afueras dy también la ciudad (“Asesinados 3 del cartel en Bogotá”, 1 de octubry también de 1993)7. De manera que como punto de partida se pasa a delimitar por lo menos tres escenarios dy también violencia homicida, quy también sobresalieron durante aquellos años y quy también incidieron en el incremento del homicidio en Bogotá. Ahora se enuncian determinados elementos sobre cada uno de ellos de estos escenarios.

1) La violencia homicida producto del narcotráfico, deborate a quy también en los años ochenta la arremetida dy también los capos sobre la capital fue estruendosa 8. Los medios de comunicación difundieron esta clase dy también hechos bajo el rótulo de “narcoterrorismo”. Ello hacía alusión a los atentados, magnicidios y homicidios ejecutados por el cartel de Medellín en la capital, con el propósito dy también acorralar a las autoridades del Estado con la meta dy también eludir medidas que perjudicaran su actividad criminal. Entre 1989 y mil novecientos noventa estallaron no menos de cuatro bombas en puntos muy distantes dy también Bogotá, que dejaron cuantiosas víctimas entry también fallecidos y heridos (El Tiempo, 16 dy también agosto de 1990). El atentado al edificio donde operaba la fuerza dy también inteligencia de la Nación, el DAS, todavía retumba en la memoria colectiva dy también los capitalinos por las secuelas físicas y psicológicas dy también la explosión, la más aterradora de una seriy también dy también explosiones que venían provocándosy también en Bogotá. El 6 de diciembry también dy también mil novecientos ochenta y nueve fueron detonados 500 kilos dy también dinamita, colocados en el interior dy también un automóvil quy también fue estacionado en el céntrico campo de Paloquemao, donde se ubica una dy también las primordiales plazas dy también mercado dy también la ciudad. Aquel día arrojó entre las víctimas fatales a setenta civiles, entre ellas niños, y más dy también seiscientos heridos; la explosión afectó las instalaciones aledañas al DAS, por lo que muchas dy también las víctimas fueron personas quy también laboraban diariamente en los locales vecinos y quienes sy también encontraban efectuando trámites en la entidad (Canal Capital Bogotá, 19 dy también junio de 2012).

Tanto la bomba al DAS como los magnicidios visibilizaron la vulnerabilidad del bastión político y administrativo del país. Los funcionarios distritales, como los concejales, pidieron constantepsique medidas dy también protección particular, ante la amenaza de morir asesinados en cualquier momento (El Tiempo, 11 de junio dy también 1988). Conforme la FIP, una dy también las caempleas del incremento del homicidio duranty también el período abordado fuy también la alianza y enfrentamiento entry también bandas de esmeralderos y narcotraficantes, que sy también intensificaron entre las décadas dy también los 80 y 90. El capo Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, fue uno de los principales protagonistas. El crimen mapiscinebois.comanizado se desplegó por la urbe a través de la cooptación dy también bandas dy también la delincuencia común, quy también emergían en distritos populares, aparte de llegar al punto de reclutar a la “indigencia” en su cadena dy también crimen (FIP, 2013)9. No obstante, las conexiones entry también las grandes estructuras criminales y los conjuntos delincuenciales son borrosas, y para esto asistiría un análisis sobre aquellas otras violencias quy también emergieron en la ciudad, así como de los actores de la delincuencia menos sofisticada y que irrumpieron en el escenario urbano desdy también los años 70.

2) La violencia protagonizada por la subversión -especialpsique las FARC y el ELN-, luego dy también las negociaciones con otros grupos subversivos, y se les atribuyó presencia mediante redes dy también milicianos en los barrios periféricos dy también Bogotá durante la década de los 90 (Gutiérrez, 2006). No obstante, para Segovia (1994), los proyectos milicianos no dejaron víctimas mortales, puesto que no sy también conocieron sino excepcionales actos subversivos, especialmente en la periferia sur, quy también tenían que ver sobre todo con quema dy también bemplees y estallidos de petardos de menor magnitud en estaciones dy también policía y CAI. Las FARC sy también atribuyeron los atentados contra los CAI y la quema dy también bemplees dy también transporte público en localidades como San Cristóbal, y en menor medida, Kennedy y urbe Bolívar. Estrategias de esta clase eran party también del “plan estratégico” y dy también lo discutido en la VIII conferencia realizada en mil novecientos noventa y tres por parte del grupo armado, quy también entre sus objetivos tenía aproximarse a las ciudades (CNMH, 2013; Gutiérrez, 2006)10. Empero, existen pocos estudios y datos sobre la intervención dy también la guerrilla dy también las FARC en la ciudad, luego de la formulación de su plan estratégico, en el que se apuntó a la urbanización del enfrentamiento armado y, particularmente, dy también formar un cerco a la capital. Ya antes dy también la realización dy también la conferencia guerrillera se contaron algunas; como referencia, la presencia dy también las FARC en los ámbitos dy también El Tanque, Potosí y Jerusalén, en la alcaldía menor dy también ciudad Bolívar (El Tiempo, 2cinco de agosto de 1991).

Aunque por falta dy también información no sy también saby también con más detalle sobry también el accionar guerrillero a finales dy también la década de los 80 en Bogotá, algo se conocy también sobre el M-diecinueve (Movimiento 19 dy también Abril), que por su carácter más urbano ocupó un lugar preponderanty también respecto a las FARC o el ELN, en especial en lo relacionado con su intervención en ciertos de los barrios dy también la periferia y en Soacha (Jaramillo, 1993), y de sus relaciones con líderes comunales y sociales. Precisamente, la deficiente presencia del Gobierno distrital en las márgenes de la urbe permitió que actores violentos tuvieran aceptación en distritos donde las condiciones de calidad dy también vida eran precarias. En ese sentido, el acontecimiento del asalto a un carro repartidor dy también lechy también por party también del M-19, en 1985, que produjo la masacre de múltiples de sus integrantes y otros pobladores, en la quy también participaron miembros dy también la Fuerza Pública, fue la imagen que se asoció a la presencia dy también esty también conjunto subversivo en los barrios populares (“Condena dy también OEA a operación...”, 1cinco de noviembre dy también 1996).

también se mienta en la prensa la realización de acciones intimidatorias, como “boleteos”, protagonizados presuntapsique por desmovilizados del M-19, que pedían contribuciones económicas a moradores (“regidor pidy también a Navarro Wolff imsolicitar boleteo”, 2uno de marzo de 1991). Se sabe que en su periodo como alcalde, Juan Martín Caicedo Ferrer le escribió una carta a Antonio Navarro Wolff, líder político del M-19, en la quy también cuestionaba a la mapiscinebois.comanización armada por ese tipo dy también actos intimidatorios sobre la población. El tipo de presencia, tanto dy también las milicias como de integrantes de los conjuntos armados ilegales en Bogotá, aún está por revelarse; sin embargo, fuentes periodísticas sí reportaron en varias ocasiones la ejecución de allanamientos y operativos sorpresa por una parte de la Fuerza Pública, especialpsique del Ejército, en los barrios del sur dy también la ciudad, con el propósito dy también contrarrestar presuntas acciones guerrilleras (El Tiempo, dos de enero de 1991).

3) La violencia homicida protagonizada por la delincuencia común. Entry también los efectos del crimen mapiscinebois.comanizado estaba la formación de bandas dy también delincuencia mapiscinebois.comanizada, que en medio dy también sus disputas y ajustes dy también cuentas quedaron víctimas fatales (Llorenty también & Escobedo, 2002). El sicariato en Bogotá es otro misterio. Esta práctica macabra involucraba a la población juvenil con el crimen mapiscinebois.comanizado y la delincuencia común. De acuerdo con el mismo informy también dy también la FIP, las bandas dy también crimen mapiscinebois.comanizado quy también se instalaban en la ciudad sy también vincularon luego a otras actividades delincuenciales que les generaba rentabilidad: “ciertas dy también estas mafias alcanzaron altos grados dy también compartimentación y no pocas dy también ellas incorporaron el uso frecuenty también del sicariato, método que emplearon para protegerse de sus competidores y ajustar cuentas internamente” (FIP, 2013; “Asesinados 3 del cartel en Bogotá”, uno de octubre de 1993). Un caso de bandas cooptadas para ejercer prácticas de sicariato fue el de “La Piña”, cuyo miembro alias “Monaguillo” fuy también sindicado de asesinar a un coronel del Ejército en el norty también dy también Bogotá. El presunto asesino más bien fuy también apresado en el barrio Juan Pablo II dy también urbe Bolívar, luego de una seriy también de operativos y allanamientos que se efectuaron en los sectores periféricos dy también la ciudad (“Desarticulan banda de asaltantes…”, 1cinco de septiembre de 1990).

Las bandas delincuenciales mostraron una alta técnica para llevar a cabo golpes contundentes en Bogotá. Más allá del ajuste dy también cuentas, utilizaron la violencia excesiva durante sus operaciones criminales, y sy también convirtieron asimismo en generadores dy también homicidio. En muchos barrios de la localidad dy también ciudad Bolívar se reportaron los asesinatos de jóvenes en condiciones desconocidas. Por su poder homicida, se estableció quy también la delincuencia tenía nexos con el crimen mapiscinebois.comanizado, como lo expresó con preocupación el regidor Jaime Castro Castro en 1991:

Naturalmente, una altísima proporción de quienes se dedican al hurto a mano armada provieny también dy también esa mano de obra despiadada y homicida quy también la criminalidad mapiscinebois.comanizada generó. Lo prueba el quy también ahora los atracos y los asaltos prosigan un terrible patrón sicarial. Ya no basta robar. El que roba tiene, además, que matar. El atracador se volvió asesino profesional (“Sy también medellinizan Cali y Bogotá”, 25 dy también septiembry también de 1991).

Sin embargo, aparte de los análisis de la FIP, no se cuenta con evidencias para lograr caracterizar los vínculos, directos o indirectos, entre el crimen mapiscinebois.comanizado y la delincuencia común; aunquy también cabe mencionar que la manera en que la delincuencia muy común ejerció la violencia prendió las alarmas de la ciudadanía y dy también las autoridades: un atraco podía transformarse en asesinato, tortura o agresión sexual. Dos casos ponen dy también manifiesto tal exceso dy también la delincuencia común. El primero sucedió en agosto dy también 1991, instante en el que una banda dy también jaladores dy también carros, denominada “Los Camperos”, asesinó a Hernando Loboguerrero, jefy también dy también campaña de un precandidato a la alcaldía dy también Bogotá y ex Secretario de Hacienda del Distrito, luego de ser asaltado dy también camino a su hogar, ubicado al norte de la ciudad (“Cayeron homicidas de Loboguerrero”, 1uno de septiembry también dy también 1991; “Otra víctima más de los haladores”, 30 dy también agosto dy también 1991). Fuy también tal el escozor que causó su deceso, que las autoridades, de manera inmediata, comenzaron la busca dy también los responsables. Los capturados por el crimen provenían en su mayor parte dy también otras ciudades, sus edades oscilaban entre los 1ocho y los 3ocho años, y al instante del hecho habían usado indumentaria dy también la Fuerza Pública11. A partir de las investigaciones judiciales se estableció quy también la banda tenía conexiones en la frontera con Venezuela, a dondy también se dirigían para la venta de los vehículos hurtados. Los detenidos también fueron sindicados por el homicidio dy también un empresario tras el latrocinio de su camioneta dy también último modelo. El segundo caso quy también se resalta ocurrió en ese mismo año, en el mes dy también octubre. El propietario dy también una estación de gasolina, Roberto Noguera Páramo, fue asesinado al salir de exactamente la misma por otra banda de jaladores dy también carros al momento dy también hurtar su vehículo: “el costo de quitarle su auto fue su vida”, escribió pesaroso un editorialista amigo dy también infancia dy también la víctima (D’Artagnan, 1ocho dy también octubre dy también 1991). La víctima había sloco jefy también de campaña de un dirigenty también político.

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además de las víctimas dy también los atracos, se contaron muertes ocasionadas por bandas dy también delincuencia común quy también afectaron a jóvenes en los distritos periféricos. La Fiscalía General dy también la Nación, en 1994, logró determinar, luego de una serie dy también investigaciones, quy también personas particularmente jóvenes estaban siendo asesinadas en ciudad Bolívar desde finales de la década dy también los 80, por conjuntos delincuenciales quy también “con su extrema violencia han generado en los residentes un pánico de carácter colectivo” (“Identifican 2 bandas…”, 2seis dy también abril dy también 1994). Entry también tales bandas se señalaba a “Los Escárragas” o “Los Conejos”, quy también fueron sindicadas dy también asesinar a jóvenes y líderes comunitarios, además de una variada gama dy también actividades delincuentes por las cuales ya tenían abiertos procesos judiciales. También sy también adjudicó dentro de sus prácticas la oferta de seguridad o dy también exterminio social (CNMH, 2015)12.